viernes, 5 de diciembre de 2025

PROBANDO, UNA, DOS, TRES


 Estos dos últimos meses, y de la mano de la revista Motociclismo, he tenido la oportunidad de probar tres modelos tan dispares como originales dentro del catálogo de marcas como Yamaha, Harley Davidson u Honda. Como diría el refrán, “cuando el diablo no tiene qué hacer con el rabo mata moscas”. Y es que mi gran pasión por la moto hace que cualquier oportunidad que me pongan a tiro la aproveche para saciar mi curiosidad acerca de las prestaciones o manejo de cualquier cacharro que tenga dos ruedas y un motor. Sin quererlo ni prepararlo, pero con sumo gusto, me he subido a la Yamaha MT 900 y comprobar cómo funciona su novedoso cambio manual de marchas automatizado (Y-AMT) en un motor tan fantástico y poderoso como su famoso CP3 de probada solvencia. O la Harley Davidson Pan América 1250 ST. Una maxitrail que no deja indiferente a nadie por su atrevido y original diseño, pero que pone a muchos de acuerdo en capacidad de manejo y alto nivel de prestaciones de su motor 1250 en uve y 150 CV. Finalizando este triunvirato motriz la conocida, y no menos popular dentro del mundo maxitrail, Honda CRF 1100 África Twin. Un modelo que tuve la oportunidad de probar en una de sus primeras series equipado con motor 1000 c.c. del año 2017, y de la que ya dejé comentario en su día en una entrada de este mismo blog.

   Y como ya hice en aquel 2017, aquí dejo de manera muy humilde cuales han sido mis impresiones sobre la experiencia realizada en un mismo trazado de carretera abierta con apenas 40 kilómetros de recorrido entre las localidades de Robledo de Chavela, Fresnedillas de la Oliva y Colmenar del Arroyo, para volver a finalizar en el punto de partida.

 

                COMENZANDO EN MODO AUTOMATICO

  

   El mundo de la motocicleta está viviendo un momento de grandes cambios, no sólo por las restrictivas normas Euro que imperan única y exclusivamente en Europa, sino por el avance de una industria procedente del continente chino que cada vez propone productos más atractivos para el consumidor y que viene predeterminado por ofrecer precios ultra competitivos frente a las marcas europeas y japonesas, sin escatimar por ello prestaciones y equipamiento extra. Es por esto que los hasta ahora ‘notables’ fabricantes, estén intentando sacar a la luz y dotar de nuevos e innovadores dispositivos tecnológicos a sus modelos estrella para hacer más agradable y fácil – si cabe – la conducción de los afortunados motoristas.

   Uno de estos últimos avances es el de proporcionar un cambio de marchas automático o semiautomático, bien sea con tecnología DCT de doble embrague, como en el caso de Honda, o el ultimísimo Y-AMT de embrague y cambio pilotado que ha puesto en el mercado recientemente Yamaha para sus modelos Tracer y MT, equipados con los conocidos motores CP de 700 y 900 c.c. Un sistema que no deja de ser curioso, ya que se sirve de un par de servos electrónicos, tanto para accionar el embrague, como para engranar el selector de la caja de cambios y todo ello bien orquestado por una centralita (ECU) que permite disfrutar de la conducción en modo manual gracias a unas levas en la piña izquierda del manillar accionadas por el pulgar y el índice de la mano. O en modo totalmente automático, donde el sistema se encarga del cambio de marchas según la velocidad y las revoluciones del motor.  Así de sencillo... Por supuesto todo este sistema permite eliminar la maneta de embrague en el manillar y la palanca de cambios física, no dejando en este caso opción de volver al sistema analógico como si ocurre en los modelos Honda equipados con el sistema E-Clutch, de formato parecido a este de Yamaha.

   Pero no me quiero extender en ciertos apartados técnicos que vienen mejor aclarados y de un modo más gráfico en este enlace de la página oficial de Yamaha (https://www.yamaha-motor.eu/es/es/motorcycles/y-amt/). O a buen seguro que en cualquier prueba subida a la plataforma de YouTube. Vamos a lo mollar: las sensaciones.

   De entrada, como ya he comentado en ocasiones, no me llama especialmente la atención que una motocicleta equipe un cambio automático. Valoro mucho más un motor con buenas prestaciones o una parte ciclo que vaya en armonía con su rendimiento… Unas buenas suspensiones, una frenada potente o un balance conveniente que envuelva todo el conjunto y te lo empaquete con un lacito de raso. Pero eso no quita que cierre el paso a toda tecnología que haga de la conducción una experiencia agradable. Aunque reconozco que mi máximo interés en este caso en concreto pasaba por probar la mecánica CP3 de 900 c.c. que equipaba el modelo MT solicitado en la prueba y del que siempre he oído maravillas por su alto nivel de prestaciones. Y no me defraudó para nada. Tanto, que cuando llegué a casa, comencé a darle vueltas pensando en cambiar mi Teneré 700 por una MT o Tracer 900… Pero lo que me aporta mi moto y me llena es tan grande, que la balanza me hizo entrar en razón para no llegar a cometer una grave infidelidad.

 

   Nos ponemos por fin a los mandos después de pasar por un pequeño briefing a cargo del redactor de la revista Motociclismo Pepe Burgaleta, y nos familiarizamos con el innovador puesto de mando donde no encontramos ni mando físico de embrague, ni palanca de selector de cambio en el carter izquierdo. A cambio —y nunca mejor dicho— encontramos unas levas en la piña izquierda para subir o bajar marchas siempre que queramos manejar el sistema en modo manual (MT), o hacerlo a demanda, aunque circulemos con el modo automático (AT). Todo ello es accesible de una forma sencilla e intuitiva, sin necesidad de encontrar un totum revolutum de botones y con la necesaria información en su display. Por supuesto —como ya dije al comienzo— bien orquestado en su conjunto con el sistema electrónico que permite llevar una conducción relajada o deportiva, manteniendo un nivel de régimen alto en su motor en todo momento cuando circulamos en modo automático… Y os aseguro que el sistema funciona como si te leyese la mente y decidiera a la vez que tú que relación tienes que llevar en cada momento. Pero de no ser así, siempre nos queda la posibilidad de presionar el ‘comodín’ de la leva manual que te permite recuperar el control cuando lo desees. 

   Arrancamos y elijo en principio su sistema automático, aunque decido que voy a mantenerlo para no cambiar de modos continuamente y apartar la vista de lo que no sea la conducción pura, ya que también puedo pulsar sus levas en este modo. El trayecto elegido atraviesa tres localidades y algún radar de tramo que hace que el ritmo de la ruta se vea limitado, además de la gran afluencia de moteros que acude cada fin de semana debido a la cercanía de la conocida ruta de la Cruz Verde. Pero al menos disfrutamos de algún trecho libre y sinuoso donde pudimos dar rienda suelta —de manera controlada y legal— a las excelentes bondades que nos ofrece esta MT 900 Y-AMT.

   Mis primeras impresiones a nivel de motor me dibujan una gran sonrisa bajo el casco… ¡Cómo empuja el mamón! ¡Y el modo automático es una maravilla! Engrana las marchas de manera precisa, como si se tratase de un DCT de doble embrague de Honda, pero con un sistema mucho más sencillo. El modo sport estira las marchas y reduce velocidades de manera suprema y, por poner algún pero, tan sólo es algo ruidoso en marchas cortas —algo más en primera y menos en segunda– pero no más que el cambio de mi Teneré 700. Es una seña de identidad de las Yamaha y dudo que se deba a los modelos automáticos; me decido a utilizar el sistema de manera manual. Y caigo en ese mismo momento que la leva de subida —que también sirve para bajar por si no quieres utilizar la de pulgar— hay que pulsarla con el dedo índice, extremidad en la que me faltan dos falanges de mi mano izquierda desde los 17 años. Me olvido y vuelvo al otro nivel de nuevo… ¡Sin problema! Su sistema automático es tan intuitivo y divertido con el modo sport, que dejo que me lleve sin remilgos… Acostumbrado a mi trail, aprovecho y gozo de lo lindo en las zonas ratoneras gracias a esos 16 cms menos entre ejes y a un conjunto general en su parte ciclo mucho más orientado a un uso asfáltico, sin olvidarme de los frenos que hacen que me adelante innecesariamente en el momento de ingreso en cualquier curva; este modelo me ha robado el corazón literalmente y, aunque su Y-AMT es extraordinariamente divertido y cómodo, no me importaría tenerla aún siendo en su versión de mando tradicional.  

   Y como en todo film de suspense que se precie, “ahora viene cuando la matan…” pero desde luego no seré yo quien en su desenlace cometa tal despropósito con esta MT 900 Y-AMT. Un modelo que me ha impresionado por su gran equilibrio, mejor comportamiento y un motor realmente soberbio para usuarios que busquen una naked con estas características… y además en este modelo en concreto, un sistema de cambio automático innovador que sorprende por su simplicidad y facilidad de manejo a partes iguales y que, a buen seguro, no decepcionará para nada a los que gusten buscar este tipo de ayudas en una motocicleta.

                                                     

                                                MOMENTO PANAM

   Vuelvo al lugar de los autos y esta vez para probar un modelo incluido en el catálogo de la norteamericana Harley Davidson. Una moto que la marca presentó como prototipo en 2018, pero que no fue lanzada a la venta hasta la primavera del 2021. Desde que la vi por primera vez en la web me resultó una moto llamativa, tanto por ese diseño tan curioso para una moto trail, como curioso que una fábrica como Harley, más familiarizada a la producción de corte custom o american cruiser, se atreviese con un modelo trail adventure. Y no menos novedoso ha resultado el descubrir que no sólo ha llegado para ser una moto más dentro de la familia de Milwaukee sino que, todos estos años desde su lanzamiento, ha conseguido grandes hitos en la competición de raids de la mano del bravo piloto de rallys y enduro Joan Pedrero. Nada menos que 4 ediciones consecutivas en la categoría trail en el Rally Raid de la Baja Aragon, así como en otras competiciones. Y no dudo que mucho del mérito —bastante diría yo— es debido al corpulento “Gigante de Canet”, pero puede ser que el aspecto tosco y aparatoso de la moto no haga justicia a su efectividad. Pues vamos a comprobarlo.



                                                                                              


   Como repetimos el mismo escenario, me ahorraré dar la turra preliminar y pasamos a lo que interesa. Lo que viene siendo la conducción. En esta ocasión me ha acompañado hasta el lugar del evento mi hijo que me servirá para comprobar las sensaciones con paquete detrás. Otros 75 kilos sumados a sus más de 250. La unidad solicitada en esta ocasión es la versión ST. Un modelo más enfocado al asfalto que la especial, la cual viene con un equipamiento para un uso mixto y aventurero. Básicamente y sin entrar en detalles, las diferencias a tener en cuenta en esta ST es la inclusión de llantas de 17 pulgadas en ambas ruedas (de 19 delantera en la special), unas suspensiones algo más cortas de recorrido (171 m.m. en vez de 191) y una ayuda a la conducción que cuenta con cinco modos en lugar de los 9 específicos para la dual Special. Pero como yo soy lego en ayudas electrónicas, además de que se necesitaría una prueba mucho más larga y a tu bola, que los 40 minutos que dura esta y ceñido a un protocolo de grupo con monitores, me limitaré a salir con el modo Road básico.

   El día está claro y con una temperatura de unos 20 grados que es excelente para rodar. Una vez atravesamos las primeras localidades y el dichoso radar de tramo, nos dirigimos a tomar contacto con la primera zona de curvas reviradas. Hasta ahora las sensaciones que percibo a baja velocidad, son de una moto que se mueve de manera bastante aceptable a pesar de su peso y envergadura. Yo diría que en la línea de una BMW GS con motor boxer o hasta mejor (comparándola con la unidad 2005 que tuve). Se nota un centrado de masas bajo y, pese a su ostentoso motor, esto hace que no la sientas torpe y pesada incluso circulando lento. Su asiento bajo también hace que sea un juego de niños moverla para mi 1’82 de estatura y acostumbrado al puesto de mando (875 m.m.) de mi Teneré 700. Pero llega la hora de curvear a un ritmo algo más alegre y aquí sí que llega la hora de la verdad para un buque insignia de estas características… Sorprende ese primer ingreso en curva por su potencia de frenada —me lo confirma junior que está alucinando— y en la parte final del recorrido, que entramos en carretera super sinuosa y con un firme de buena calidad gracias a un asfalto en buen estado, asombra la manera dulce de entregar sus 150 CV que su motor de carrera corta ofrece abriendo el grifo, aunque supongo que también es gracias al modo Road de conducción elegido al comienzo y, como no soy amigo de enredarme en otros menesteres mientras voy en marcha, no haré ninguna otra prueba. Me sobra y basta para comprobar que la moto resulta muy cómoda gracias a su puesto de mando accesible, sorprendentemente ágil para sus dimensiones y un propulsor de probada solvencia que te permite ritmos elevados incluso con carga extra. Y es que las apariencias —en ocasiones— engañan.

 

                                                 LA REINA DE AFRICA

 

   Dicen que no hay dos sin tres y a la de tres va la vencida… Pues con ella llegamos al final. Con una de las reinas del universo maxitrail tan de moda estos últimos años y que copan las listas de motos más vendidas cada mes.

   Y es que la fiebre trail ha llegado para quedarse e inundar año tras año de nuevos modelos sus catálogos. Sólo hay que echar un vistazo al famoso salón de la moto EICMA de Milán, pasarela de las novedades que se pueden adquirir en un futuro en concesionarios de todo el mundo, para darnos cuenta de la presencia tan significativa y dominante que el segmento trail supone para cualquier marca. Incluso la sobresaliente industria china que parece no poner coto al aluvión de primicias que apenas dan tiempo a que las memoricemos. Cuesta creer, viendo este derroche de invenciones, que un modelo concreto pueda perpetuarse por muchos años en producción.

   Pero hay una trail que no sólo perdura con el paso del tiempo, sino que volvió a reverdecer después de varias décadas desaparecida de la producción y no es otra que la Honda CRF 1100 África Twin. Para mí es el modelo del sector maxi más equilibrado y original en todos los sentidos. Pero es una opinión personal que no tiene por qué ser del gusto general, y menos con la gran oferta que tenemos actualmente. Como decía el detective Joe Hallenbeck en el último Boy Scout, “el agua moja, el cielo es azul…” Hay verdades innegables y evidentes, pero no siempre deben cumplir ese patrón. Y fue lo que me sucedió al probar la CRF 1100. Un día horroroso con lluvia a primera hora de la mañana, carreteras mojadas y una configuración errónea en los modos de conducción arruinaron lo que parecía iba a ser una mañana que prometía mucho.

   Volvemos al mismo lugar de ocasiones anteriores y, teniendo en cuenta que diciembre se encuentra a las puertas, el escenario cambia sustancialmente debido al tiempo adverso. Tenía muchas ganas de probar esta nueva edición de la AT después de ese buen sabor de boca que me dejó la 1000 c.c. primera serie en 2017... En esta ocasión el evento presentaba varios de los modelos que la marca Honda saca a la venta con sistemas de transmisión automáticos. El archiconocido DCT con tecnología de doble embrague y el novedoso E-CLUTCH que automatiza el funcionamiento del embrague en sus motocicletas con transmisión manual convencional. Después de un breve briefing acerca del funcionamiento de ambos sistemas pasamos a la clase práctica; ¡a por la África!

 Toma de contacto en parado y me familiarizo con el nuevo puesto de mando que ahora en su piña izquierda del manillar tiene un sinfín de botones. Imposible liarme a trastear con el poco tiempo disponible y menos una vez en marcha por seguridad, pero puedo apreciar en su display a color que vamos con el modo personalizado “Usuario 2” —parece ser que además de los 4 modos prestablecidos hay otros dos personalizables que actúan sobre 6 parámetros más… A saber: potencia del motor, freno motor, control de par motor, control antiwheelie, ABS y control sobre el DCT… vamos, ¡un sindiós!—

   Pues bien, una vez en marcha, iniciamos ruta con la precaución que el suelo mojado aconseja y ponemos todos los sentidos al servicio de la conducción. Una vez abandonamos la localidad de Robledo de Chavela y dejamos atrás el dichoso radar de tramo, superamos por fin la barrera de los treinta kilómetros hora y vamos cogiendo sensaciones reales con la Honda. Sensaciones descafeinadas me temo, que por culpa del dichoso “Usuario 2” y al que se le haya ocurrido meter mano en el sistema para matar a más de la mitad de la cuadra Hamamatsu, la moto parece dormida. ¡Qué horror! No hay mejor ejemplo que este para ver cómo la electrónica puede entorpecer en vez de ayudar a una conducción fluida. Ni sube de marchas el DCT, ni reduce cuando normalmente debería hacerlo… No voy a volverme loco y tampoco quiero ver donde pulsar el modo manual. Al fin y al cabo, la situación en la que se encuentra el asfalto tampoco me motiva, por lo que concluyo la ruta sin otro propósito y dejándome llevar por la excelente impresión que me genera un conjunto de tan noble factura como el de la AT. No es más que un hecho circunstancial y creo firmemente en la calidad de este modelo que en aquella prueba de 2017 me dejó tan buenas sensaciones.

   Terminamos la ruta y, como sé que debido a la ausencia de muchos de los convocados por la situación del clima algunos participantes van a repetir la experiencia probando algún que otro modelo que quede libre, le aconsejo al que se va a quedar con mi unidad que le cambien los parámetros si no quiere llevarse un chasco.  

   Una vez más quiero agradecer a la revista Motociclismo por ser la organizadora de estos eventos y dar la oportunidad a usuarios como yo a tener ocasión de saborear modelos tan interesantes. Y por supuesto a las marcas participantes, #yamahaespaña, @harleydavidson y #hondaespaña que son las que facilitan estas unidades.

 



  Miguel A. Eguía.

    @eguíaonroad 


   Las opiniones expresadas en esta entrada son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista del resto de personas que visiten este blog. Gracias por perder un momento de tu tiempo en leerlo o por dejar tu comentario.